Deporte, emociones, ayunos y otras gaitas. 2

Este día se me iba la olla dándole vueltas al asunto del movimiento, los ayunos… Hoy seguimos por una de las ramas que habíamos dejado sin tocar, y la que a la postre me parece la más importante.

Os pongo en antecedentes. Decíamos el otro día que:

“Podríamos hablar entonces de un movimiento motivado por necesidades básicas (comer, huir, reproducción) y de un movimiento de mantenimiento que realizamos a cambio de una situación placentera. Dos motivos. Y dos situaciones con las que podemos jugar y en las que seguir enredando la cabeza entre carrerilla y carrerilla…

Porque se me ocurre que de aquí podemos sacar dos ideas fundamentales. Una sobre la actividad física en ayunas y otra sobre la importancia de las motivaciones a la hora de hacer deporte”

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Pues en eso estábamos. Movernos, o por necesidades básicas o porque el mismo movimiento haga que nuestro cuerpo nos genere placer.

Este es el otro de los motivos por los que hacer deporte en ayunas tiene mucho sentido: le aporta una búsqueda, un por qué a nuestra actividad, sobre todo si el deporte conlleva una relación directa con la comida, o bien porque vayamos a recolectar algo o bien porque al llegar a casa comamos.

Pero, entre tú y yo… esto de ir a recolectar algo o de engañarnos con comida cuando llegas a casa… lo primero es de lo más friki (yo muchas veces lo hago… pero es muy friki y dependiendo de cuáles sean tus deportes puede ser imposible) y lo segundo un poquito forzado porque sabes ya de antemano que tienes comida en la nevera y que no te hace falta salir de casa para conseguirla. Así que, aparte de forzado… es una chorrada. Me da que nuestro cerebro es algo más listo que todo esto. Y fíjate que el salir a hacer deporte en ayunas para luego darle comida a nuestro cuerpo es intentar hilar fino con nuestros mecanismos metabólicos, así que parece un absurdo olvidarnos de nuestra mente conocedora de la verdadera realidad (nevera llena de comida). Podría tener algo de efecto, alguna repercusión?… tal vez… pero cuando lo organizamos todo para salir a entrenar en ayunas y llegar a casa y comer, incluso pudiendo llegar a elegir los alimentos, no pretendemos solo una ligera mejora en el rendimiento.

Podríamos hablar aquí de dopaminas, por ejemplo, y cómo hacer deporte en ayunas activa su formación, pero, repito, pretender enredar con tus funciones hormonales con un engaño tan flagrante y tosco… somos muchísimo más que eso.

Así que, salvo que integres la búsqueda de comida en tus actividades físicas, sólo nos queda el placer. El deporte como puro onanismo.

No me voy a meter con los aspectos patológico/hormonales que pueden generar que la actividad física no te genere placer. Eso es harina de otro costal y no te creas que es la situación a solucionar más fácil del mundo. Puede tener muchísima miga. Solo reflexiono sobre la importancia vital de que el ejercicio te genere placer, algo que, filosofando, podemos relacionar con el ahora o con el futuro, con el camino o con la meta.

Suele decirse eso de que la agricultura (la estaremos vilipendiando demasiado con esto de la dieta paleolítica???) generó que empezáramos a preocuparnos más por el mañana y olvidáramos el día a día, dejando de algún modo de actuar en función de necesidades presentes (hambre, frio…) para empezar a pensar más en el futuro y en las necesidades que podrían o no presentársenos. Todo tiene su parte positiva y su parte negativa, pero eso generó un mayor nivel de preocupación y un mayor grado de incertidumbre a nuestras vidas. Perdimos la habilidad para solventar nuestros problemas de hoy y ganamos habilidad para solventar los del futuro.

A parte de esto empezamos a planear nuestros días: quiero comer tantas veces, a tal hora, dormir tanto tiempo, trabajar y descansar de un modo definido… y dejamos de escucharnos diariamente y minuto a minuto: “he decidido sembrar para tener comida para todo el año y poder comer tres veces al día, luego el año que viene, si todo va bien, comeré tres veces al día”. Fantástico, seguramente esa organización te permita tener más probabilidades de disponer de una mayor cantidad de alimento, pero también someterá a tu cuerpo a una disciplina que tal vez no acabe de sentarle del todo bien…

Así que creo que se nos ha ido olvidando eso del “ahora”. Y por más que Eckhart Tolle nos lo diga y nos lo repita, fácil fácil la cosa no es.

Me parece más sencilla la opción de las motivaciones de futuro: disfrutar de una buena salud, adelgazar, prepararse para una competición, retarse… Y poco a poco aprender a disfrutar del momento: el paisaje, los olores, la lluvia en la cara, la sensación de esfuerzo, sentirnos vivos…

Pero cada vez que salgamos a hacer deporte debemos de ser conscientes de para qué lo hacemos: procurarnos placer. Y a partir de ahí, establecer las estrategias apropiadas para pasárselo muchísimo mejor.

Por cierto, y hablando de dopaminas (que siempre queda mucho más fino y científico todo) y de nuestro burdo engaño de comer después de entrenar: jugar, competir, divertirse, hacer deporte con amigos… todo eso genera dopamina a espuertas. No se trata de salir a entrenar hastiado con la única herramienta del ayuno y de la comilona al llegar a casa. Se trata de pasártelo bien, competir y mearte de risa con los colegas. Si además lo haces en ayunas, genial. Y si llegas a casa y comes, pues mejor.

… eso si tienes hambre… porque… qué hacemos si no tenemos hambre??? No se nos vaya a escapar la ventana metabólica!!!!

(jeje… esto para otro día!!!!!!!!!!!!! Temas transversales de la dieta páleo)

Espero que te haya gustado. Si es así, compártelo!!! Igual anda alguien por la red con ganas de leerlo!!!

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6 comentarios en “Deporte, emociones, ayunos y otras gaitas. 2

  1. Pues yo soy de los que tienen suerte en este sentido, no tengo que esforzarme demasiado en engañar a mi cuerpo para tener que moverse, más bien es él el que me avisa cuando no le doy la dosis diaria de endorfinas (véase ejercicio). Cuando no me muevo un día no me encuentro nada bien, ando sin energía, con apatía, atolondrado… vamos que si quiero encontrarme bien tengo que hacer ejercicio sí o sí, el cuerpo me lo pide y me recompensa enormemente cuando lo hago. Aunque parezca una paradoja, es cuando no hago nada cuando menos energía tengo y al contrario, los días que más activo estoy es cuando me noto más pletórico. Pero claro, supongo que esto no le pasará a todo el mundo, si fuese así seguro que no habría tantos problemas de salud en general, primero habrá que adquirir un hábito, y una vez conseguido esto es cuando el cuerpo anda con “el mono” cuando le falta ejercicio físico.
    Por cierto, me ha gustado mucho este artículo!
    Un saludo!

  2. Hola a todos, como estoy enganchado a la paleodieta cada vez más pues de rebote voy a comenzar con el paleotraining. Otro deporte más, otro reto más, otra motivación más…no sé, simplemente estoy como un niño con unas ganas locas de comenzar(hizo una prueba hace una semana y moló). Carlos, os iré contando las evoluciones y sobre todo, las sensaciones….

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