¿De qué estamos hablando realmente? Disertando sobre evolución.

La evolución…

… esa teoría.

Una teoría. Como la de la gravedad, puedes pensar, y las manzanas se caen y punto. No hay más.

Las manzanas se caen aquí y en todos lados, hecho que te permite en tu día a día prever que si sueltas una manzana se caerá con absoluta certeza. Esa no es la parte “teórica”, ese es el suceso real y constante sobre el que Newton generó la teoría de la gravedad. Que las manzanas se caen, es un hecho. Que las masas se atraen es una teoría.

Y en tu día a día no te interesa lo más mínimo que al hecho de que las cosas se caigan se le haya añadido un apéndice científico en forma de teoría del porqué se caen. Lo que realmente necesitas es saber que la forma práctica de coger una manzana es, por ejemplo, meneando el árbol para que la manzana caiga. Luego, mientras te la comes, podrás echar a volar la imaginación sobre por qué se cae.

¿Y con la evolución? ¿Cuál es la parte “cierta”? Porque si vamos a organizar nuestras vidas en torno a una teoría haremos bien en discriminar sus partes.

La parte cierta es que hay especies. Siendo un poco más estrictos, que hay organismos vivos, todos ellos distintos entre sí en algún sentido, y entre los que podríamos establecer diferentes grados de semejanza. Así, dos humanos son distintos (incluidos gemelos) pero más o menos parecidos según tengamos en cuenta unos u otros rasgos. Ya solo nos falta añadir que ciertos individuos, que podríamos clasificar en grupos (especies a partir de ahora), se relacionan entre sí para reproducirse y dar lugar a nuevos individuos muy parecidos a ellos, algo que no ocurre entre especies distintas.

Uf… ¿solo?

Pues sí.

El hecho en sí es la transmutación de las especies. Que hay especies y que transmutan. Eso es lo observable. Nada más.

La parte teórica radica en por qué eso es así, en cómo ocurre… incluso la posibilidad de que exista un motivo o no para que ocurra así y no de otra forma.

Si quieres, podemos verlo desde el siguiente punto de vista:

Quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.

Presente, pasado y futuro.

El “quienes somos” es la parte que observamos, la parte “cierta”. Las otras dos grandes preguntas son las que Darwin (y otros) buscó explicar con su Teoría de la Selección Natural, aquella que hablaba sobre los cambios que muestran algunos individuos de una población y las ventajas o desventajas para sobrevivir que les generan esas particularidades en su medio ambiente, posibilitando así el que tales características pudieran ser heredables a generaciones futuras, siempre y cuando tales características fueran heredables (un hueso roto no se hereda, una variación ósea de nacimiento tal vez sí). Éste es el legado fundamental de Darwin, la Teoría de la Selección Natural, y hoy constituye la teoría fundamental de la Biología Evolutiva.

Si a la teoría de la selección natural le añades la teoría genética y sus mutaciones y un poquito de matemáticas, resultará la forma mayoritaria de entender hoy nuestro pasado y nuestro futuro.

… teoría de la selección natural… teoría genética… formas mayoritarias de entender… incertidumbres y divagaciones.

Ya tenemos otra cosa en qué pensar mientras nos comemos la manzana. Pero seguimos sin la respuesta fundamental: ¿es una manzana lo que me tengo que comer?

Bueno, pues aquí quería llegar yo. Y anda que no hemos dado vueltas…

Volvamos a la parte observable: organismos distintos entre sí con mayor o menor grado de semejanza y capaces o no de reproducirse entre sí lo que hará que los clasifiquemos como integrantes de la misma especie.

Diferencias y semejanzas. Entre tú y el resto de organismos, y entre tú y el resto de individuos de tu misma especie.

Pongamos un ejemplo muy práctico: una seta, una babosa y tú. Y resulta que no tienes ni idea de micología.

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Observas cómo la babosa se da un festín con esa hermosa seta que ya empieza a tener mordiscos por varias zonas pero que aún resulta un bocado más que sustancioso para ti. ¿Te la comerías?

Pues hay mucha gente que sí, y de hecho éste es uno de los mitos micológicos por excelencia. Pero verás que tiene cierto sentido en tanto que una babosa, invertebrada y todo lo que quieras, es un animal, y te pareces más a ella que a una planta, por ejemplo. Así que si la babosa se la come, tal vez tú puedas ir pensando en un revuelto de setas…

Sigamos con el ejemplo pero con algunas modificaciones: una seta, una vaca y tú. Aquí la vaca ya es un vertebrado, mamífero… ¿Qué haces ahora?

Más: una seta, una persona cualquiera y tú. Y ves cómo se la come. ¿Pones a enfriar el vino?

Pues aquí ya depende del hambre y de cuánto riesgo te haga asumir. Tal vez la opción más razonable sea dejar que se la coma él solo y esperar unas horas o unos días a ver qué es lo que pasa. Y si el hombre en cuestión vuelve a pasar por el mismo sitio a avituallarse para su nuevo guiso de setas… ¿le acompañarías?

¿Y si en vez de un hombre cualquiera fuera tu padre, con el que compartes muchas más semejanzas?

¿Y si te la ofrece tu padre cuando tú tienes 30 años? ¿Y si te la ofrece cuando tienes 5? ¿Y cuando tienes 2?

Y es que con 30 años habrás oído que hay gente que se muere por comer setas, podrás valorar la pericia de tu padre como micólogo, su gusto por el riesgo… las ganas inconfesas de matarte (jeje… tal vez a los 15 se lo haya planteado… “Fallece adolescente conflictivo por consumo de Amanita Faloides”). A los 5 años seguramente ni de broma te la comerás, al menos hasta que no veas cómo tus progenitores sobreviven una y otra vez a su consumo, aunque no valorarás diferente una seta de un mejillón. Y a los 2 años te la comerás sin rechistar porque instintivamente sabes que en ese momento tu supervivencia depende más de comer que de elegir lo que te comes.

Pero si estás leyendo esto no tendrás ni 5 ni 2 años (aunque tal vez tus hijos sí…) y lo que verdaderamente te importa es qué hacer ahora que tu cabeza se llena de datos que has de procesar para tomar una decisión consciente. ¿Me como o no me como la seta?

Pues verás. El caso es que cuando hablamos de alimentación, deporte, estilo de vida… y buscamos respuestas de este modo “evolutivo”, de lo que estamos tratando realmente es de nivel de riesgo. De pura probabilidad y estadística. Si decides vivir como una babosa las posibilidades de equivocarte son muy altas. Si lo haces como una vaca, algo menores. Si copias al “hombre cualquiera” empezarán a ser razonables. Y si lo haces con tu padre estarás mucho más cerca del acierto pleno.

Todo lo que leyeras (por ejemplo en este blog), oyeras o vieras que hace la gente y decidieras reproducirlo, sería a costa de un riesgo. Mayor o menor en función de otras variables, pero un riesgo.

Y ni siquiera tú, la única verdad realmente observable para ti mismo, serás siempre el que eres hoy y podrás repetir a los 50 las recetas “saludables” que te funcionaron a los 25.

Por todo ello, necesitarás ser capaz de cuestionarte cada artículo, cada comentario, cada nueva dieta, cada originalidad saludable… E incluso cada digestión pesada, cada caída del pelo, cada sinusitis, cada rendimiento deportivo… Y esto todos los días. Entendiendo que será mejor seguir blogs de algún humano con ganas de darle a la tecla que blogs escritos por babosas o vacas, y que incluso “verdades” incuestionables híper probadas en ti durante años pueden estar cambiando o incluso no haber sido ciertas nunca.

Supongo que toda esta incertidumbre es la que convierte la terapéutica en un arte. Y lo que hace que a los que nos dedicamos a ello se nos note la pasión. De qué si no iba yo a estar aquí con el día que hace… Así que me salgo a correr, a ver si encuentro… setas!!!… de esas que “yo” ya me he comido muchas veces y no me he muerto, y de esas que solo después de un largo “experimentar” conmigo mismo para ir limitando el nivel de riesgo me he ido atreviendo a darles a Ana y a Nano y en pequeñas cantidades. Y de esas que tal vez en algún momento decida dejar de comer porque empiecen a sentarme mal o porque yo, individuo perteneciente a una especie eminentemente social en el que las informaciones de los otros me resultan muy valiosas, lea un artículo que me haga pensar que el nivel de riesgo de comérmelas ha cambiado y ya no me compense la relación hambre/riesgo.

Y es que ésta es la otra realidad observable: nuestra búsqueda de la supervivencia como individuo y como especie. Y nuestras verdaderas posibilidades de éxito radican en el correcto manejo de todas las circunstancias que nos rodean y del nivel de riesgo que asumimos.

… y yo me voy a echar una carrera, que mis cálculos de riesgo me dicen que me trae cuenta, y tal vez por esto y por alguna ayudilla hormonal que podríamos llamar instinto y que me anima a hacerlo, me guste.

Y si el artículo es lo que te ha gustado a ti… Facebook, Twitter… todas esas pestañas que tienes aquí abajo. Ya sabes, somos una especie eminentemente social y necesitamos las informaciones de los demás para integrarlas en nuestra evaluación del riesgo, poder ser más eficaces y así sobrevivir. Esto si vives de un modo colaborativo, claro. Porque tal vez lo más interesante sea guardarte la información interesante para ti mismo y no compartirla, asegurándote una ventaja evolutiva frente a los demás… Total, que los colaborativos le darán al compartir como si no hubiera un mañana si les gusta el artículo, mientras que los no colaborativos lo harán solo si consideran que es una chorrada absolutamente equivocada que resulta interesante difundir de cara a su propia supervivencia… jeje… no te juzgues!!! La supervivencia no es ni buena ni mala. Solo es.

… y yo me voy a correr que, evidentemente, me hace mucha mucha falta.

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4 comentarios en “¿De qué estamos hablando realmente? Disertando sobre evolución.

  1. Mi mujer me ha dicho: “cierra la boca” cuando estaba delante del ordenador tras acostar a las pitufas y leyendo éste que, para mí, es de los mejores artículos de los que he podido disfrutar. Me ha encantado el “desenfoque” con el que has afrontado la evolución.

    Parecerá premonitorio pero en mi “estado” del WhattsApp, hace más de dos semanas que escribí: evolucionando…( y aún sigue ahí)

    Genial Carlos.

  2. Que artículo más chulo te ha salido!!! Se nota que te apasiona el tema. Y es que nada tiene sentido si no es a la luz de la evolución…
    Esto merece ser compartido!
    Un saludo.

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