Salud y fontanería. Aclarando realidades.

Resulta que tienes un charco de agua en la cocina y, o bien optas por arreglarlo tú mismo, o decides llamar a un profesional. Sea como sea, el proceso a partir de aquí será siempre el mismo: mirar qué es lo que pasa y por qué, ponerle remedio y comprobar que la solución ha resultado.
Fácil. De cajón.
… menos en cuestiones de salud.

Igual que en las cuestiones de fontanería, el proceso debería ser siempre diagnostico-tratamiento-resultado. Supones que el agua cae por una junta poco apretada (diagnóstico), la aprietas (tratamiento), y compruebas que deja de haber agua (resultados). Si resulta que sigue habiendo agua… algo ha fallado. O bien el diagnóstico o bien el tratamiento. No hay más. Y toca cambiar uno o ambos y volver a comprobar resultados. Y así hasta que lo arregles porque, sencillamente no puedes dejar ese charco en la cocina, no?
Evidente.
… menos en cuestiones de salud.

Y si, o bien tú, o bien el profesional que te ayude, no da con la clave, pues hay dos opciones, entender que el asunto no tiene solución, o que tú o el profesional habéis demostrado vuestra incapacidad, por lo que habrá que buscar a otro profesional.
Igual de evidente.
… menos en cuestiones de salud.
Y es que, seré muy claro. Esta es una de esas cosas que da mucha, pero que mucha vergüenza en nuestro “sistema” de salud. Y no me refiero con ello solo al sistema público de salud, sino al conjunto de actores que formamos parte de él, incluidos los profesionales por cuenta propia y todos nosotros como ciudadanos crédulos e incapaces de cuestionar los métodos a nuestro alcance para recuperar la salud y sus profesionales.

Vivimos con la idea prehistórica de que el médico lo sabe todo. Titulado en una época en la que en España no abundaban las posibilidades para el estudio y además en una materia vital, nunca mejor dicho, aún hoy le dispensamos un trato que acarrea grandes problemas para nuestra salud. Y por extensión a todos los profesionales que nos dedicamos a la salud de una u otra manera, más cuanto mayor sea nuestra apariencia de “médico”, por ejemplo si procuramos abarcar patologías de diversas áreas.

Y aceptamos sin cuestionarnos lo más mínimo diagnósticos incompletos, inexactos o vergonzosamente ventajistas. Tratamientos vagos o directamente inútiles. Y resultados que directamente no se esperan o que en absoluto se revisan porque, para qué, si eso solo conllevaría tener que reconocer incapacidades.

Dejemos claras algunas cuestiones básicas sobre salud.

No existen los diagnósticos únicos. Por definición.
Cualquier patología resulta de la unión siempre de varios factores. Así que tu rodilla no solo será una cuestión de artrosis. Ni tu eccema solo estrés.

Las pruebas complementarias son eso, complementarias.
Diagnosticar basándose únicamente en una prueba (resonancia, análisis…) es, en la inmensísima mayor parte de las patologías comunes, un error. De hecho, muchas veces lo que es es una vergüenza que conlleva el final de la búsqueda de una solución, como la resonancia que determina esa hernia discal a la que, a partir de ahí, se le achacan todos tus males. O la hernia de hiato que te arrastra inevitablemente al protector de estomago.

El papel fundamental del médico o del profesional de la salud no es diagnosticar, sino dar una solución.
Un diagnóstico sin solución consiguiente exige de una justificación muy clara por parte del profesional puesto que la única forma de demostrar que el diagnóstico y el tratamiento han sido correctos es llegar a alguna solución. Por ello, los diagnósticos que conllevan la no solución del problema resultan siempre cuestionables, puesto que ningún profesional es capaz de determinar con absoluta certeza que es conocedor de todas las patologías, todos los tratamientos y por lo tanto todas las soluciones.

Y todo esto que comento es extensible a cualquier cuestión relacionada con la salud, ya sea por un problema claro, por una cuestión de alimentación o por rendimiento deportivo. Y, decidamos consultar a un profesional o no, lo hacemos para llegar a una solución, no sólo para llegar al diagnóstico. Y si somos nosotros quienes decidimos realizar algún tipo de cambio, debemos hacerlo de la misma forma y con el mismo criterio.

Debemos cambiar nuestra forma de entender la salud. Ya no es esa entidad desconocida para la que solo podíamos hacer dos cosas, rezar o pedir ayuda al médico. Nosotros somos los responsables últimos de ella y somos los que debemos cuestionar a los profesionales en cuyas manos nos ponemos y los resultados obtenidos.

Y del mismo modo si decidimos utilizar toda la información de la que disponemos actualmente para realizar algún cambio, nutricional por ejemplo. Debemos ser muy exigentes con el resultado y no presuponer que nuestros problemas no tienen solución.

Por eso, si con blogs como éste eres capaz de solucionar algún problema, fantástico. Pero si no es así, eso solo demuestra la incapacidad del blog para dar cobertura a tus problemas. No te quedes ahí y sigue avanzando. Tu salud depende de ello.

Anuncios

6 comentarios en “Salud y fontanería. Aclarando realidades.

  1. Muy bueno, me ha gustado mucho el símil, parece tan obvio para todos los casos excepto para el ámbito de la salud… Queremos que nos den un diagnóstico concreto “x”y la solución a dicho problema en forma de una pastillita “y”, pero la cosa es mucho más compleja…
    Un saludo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s