“Pienso * para humanos” (*del verbo pensar). Parte 1.

PIENSO* PARA HUMANOS. (*del verbo pensar)

Carlos Remis Modino.

Para Ana. Por todo. Y para Nano, que me aconsejó empezar este libro por “Había una vez…”

Había una vez… Antes de nada, deberíamos acotar un aspecto clave: supongo que eres humano. Perteneciente a la especie Homo Sapiens. Porque todo de lo que hablemos a partir de aquí tendrá como destinataria esta especie y no otras. Algo obvio por otra parte, pero que merece la pena tener presente puesto que de ello se derivan muchas de las conclusiones a las que vamos a llegar.

Exageremos, algo que acostumbra a resultar clarificador, y déjame que te plantee una situación hipotética que muchas veces propongo a mis pacientes: imagínate que te hacen responsable de los delfines de un zoo. ¿Qué les darías para comer? Piensa un poco. ¿Ya tienes una respuesta? Igual te ha pillado un poco por sorpresa y no sabes qué decir. No pasa nada. Acabamos de empezar. Dame un par de páginas para que te enganche fuertemente a la lectura.

Si la respuesta es “peces” o algo así, vamos por el buen camino y el desarrollo inicial del libro te será muy fácil de seguir. Si has respondido “pollo”, “pienso especial para delfines”, “berenjenas” o algo por el estilo… la cosa es un poco grave, pero no pasa nada, el libro te será muy útil. ¡Espero!.

Así que nos quedamos con la opción “peces” o similares. En realidad es la única respuesta posible. Pero, ¿por qué? Sencillamente porque toda la vida de los delfines se ha desarrollado comiendo peces, cefalópodos… y no comiendo pollo. Y la misma situación han tenido sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos… y todo su árbol genealógico. Diciéndolo de otro modo: su genética está adaptada a ese tipo de alimento y no a otro. Y cualquier variación en su dieta constituye un experimento que podrá salir bien o mal, pero que sencillamente se trata de eso, de un experimento.

Y lo mismo pasa con su medio ambiente. Cualquiera entendería que, si su vida se desarrolla desde siempre (y cuando digo siempre digo desde hace millones de años) en un líquido con cierta salinidad, trasladarlo a una piscina con cloro podría resultar fatal. Cuando menos, sería otro cruel experimento.

Ya tenemos a todas las organizaciones protectoras de animales en nuestra contra. Mantenemos a unos pobres delfines en piscinas con agua dulce y clorada, y con una dieta a base de pollo.

Prometí exagerar… creo que lo he conseguido.

Alimentos buenos y alimentos malos.

¿Realmente se trata de eso? En realidad no se trata de dirimir si un alimento es bueno o malo sin más. Habría que, en primer lugar, especificar para quién. En particular para qué especie.

Pongamos un ejemplo: ¿el coral es bueno o malo como alimento? Pues depende. Para un pez loro es fantástico y constituye la base de su alimentación. Para un humano… otro cruel experimento.

Extraemos de aquí una conclusión: no existen los alimentos buenos o malos. Sencillamente lo único que existe son especies, comunidades e individuos adaptados o no a un alimento, en tanto que ese alimento forma parte de un conjunto de productos habituales y de hábitos gastronómicos, que constituyen todos ellos una cultura en torno a la alimentación.

Luego lo importante no es la composición de un alimento, la digeribilidad, sus porcentajes de proteínas, grasas e hidratos, o sus calorías. Lo importante es que ese individuo de una especie determinada esté adaptado a comer dicho alimento.

Ahora bien. Uno puede “adaptarse” a fumar dos cajetillas de tabaco todos los días. Así que la adaptación a la que nos referimos es una adaptación genética (déjame que, por ahora, utilice éste término) desarrollada a lo largo de muchos miles o millones de años (algunas tal vez menos… luego lo veremos cuando tratemos sobre epigenética y temas relacionados). Una adaptación que genera un estado de salud óptimo, como la que lleva a ese pez loro a tener una fantástica salud comiendo coral o a una vaca a la misma situación comiendo hierba.

La diferencia entre lo que una especie come y lo que una especie debe comer.

Pero fíjate en una cosa. Para saber qué es lo que una determinada especie come, sólo tienes que fijarte en distintos individuos de esa especie, en lugares diferentes y en momentos distintos y llegar a conclusiones.

Podrás ver entonces que los delfines en general se alimentan de muchos tipos de peces, de cefalópodos, e incluso de mariscos, dependiendo del lugar del mundo en el que habiten y de las características de su hábitat. Llegarás incluso a discriminar entre las distintas subespecies de delfines, observando cómo unas tienden más a comer grandes cardúmenes de peces como sardinas, caballas o jureles, mientras otras prefieren una alimentación más costera. Incluso observarás cómo esa alimentación dependerá de la época del año y de la abundancia o escasez de uno u otro alimento.

Luego ya tenemos conclusiones. Sabemos qué come un delfín a lo largo de un año, con sus diferencias según la zona geográfica y su subespecie. Ahora bien, si pretendemos mejorar la calidad de vida de esos delfines que teníamos en nuestra piscina de agua clorada y con pollo como base de su alimentación, debemos responder a otra pregunta más importante aún.

No sirve únicamente con saber qué es lo que come actualmente un delfín, sino qué es lo que ha comido desde hace millones de años y cómo sus hábitos alimenticios han variado en función de las variaciones de su medio ambiente. Porque es posible que recientemente su hábitat haya cambiado repentinamente y con ello sus costumbres alimenticias, estando esos delfines en una situación de cambio, de adaptación a una nueva situación, en la que la subsistencia de la especie dependa de ello.

Dicho de otro modo, puede que estemos observando un comportamiento absolutamente nuevo. Porque saber qué es lo que debemos darles a nuestros delfines depende más del pasado que del presente. Depende más de qué es lo que han comido los delfines que de lo que comen actualmente, porque puede no ser lo mismo. Dependerá de que su hábitat haya cambiado o no y de la velocidad de esos cambios y cómo los delfines se hayan adaptado a ellos.

Analizamos por lo tanto la situación y vemos que el hábitat de los delfines y con ello su alimentación no ha variado de manera brusca en los últimos millones de años, y que los cambios que han ido ocurriendo se han producido poco a poco generando adaptaciones progresivas.

De modo que podríamos concluir que lo que actualmente observamos que comen los delfines es lo mismo (o casi casi) que lo que han estado comiendo durante millones de años, al vivir en un ambiente que ha cambiado progresivamente facilitando las adaptaciones.

Problema solucionado. Ya sabemos contestar a la pregunta inicial… ¿no?. ¿Qué les damos de comer a nuestros delfines? Tal vez aun nos quede alguna duda… Veamos. Hemos observado que los delfines en general y a lo largo de un año, comen peces, cefalópodos y mariscos. Digamos que proteína marina… ¿no? ¡Así que démosles proteína marina!

Los delfines necesitan peces y los humanos clasificarlo todo.

Éste es un error común.

Encontramos en todos los alimentos procesados que nos comemos etiquetas que nos dicen los porcentajes de grasas, proteínas e hidratos de carbono de lo que nos comemos. Incluso en qué porcentaje cubren nuestras teóricas necesidades diarias de vitaminas, minerales… Y por ello acabamos deformando la realidad. Veamos.

En nuestro análisis sobre lo que deben comer los delfines hemos ido desde el todo hasta lo específico. De todo lo “comestible” sobre la tierra (todos los reinos vegetal, animal, hongos y protistas) hasta la Sardina Pilchardus (sardina común) y otros peces, cefalópodos y mariscos concretos. Pero luego ha aparecido nuestra necesidad de clasificarlo todo en grandes grupos para así poder entenderlo todo mejor… a veces. Y hemos pasado de lo concreto, la sardina común, a otra globalidad, la proteína marina.

Pues no. Los delfines no comen proteína marina. Comen sardina común y distintas especies así de específicas y no otras. ¿Y por qué no comen otras? Pues básicamente porque nunca se han visto en la tesitura de tener que comérselas o no para poder sobrevivir como especie. Porque se han adaptado a comer ese tipo de alimentos y siempre, durante toda su evolución, desde hace millones de años, siempre han tenido ese tipo de alimentos a su disposición. Unos más a veces, algunos sólo en ciertos momentos… pero siempre han podido ir apañándose de ese modo.

Nunca, seguramente, y perdonar que no sea un experto en delfines, han tenido que recurrir a comer aves marinas. Y por eso no han tenido que generar como especie las adaptaciones necesarias para ello. Por ejemplo, entiendo que carecen de la habilidad digestiva para hacer frente a las plumas de esas aves.

Y, aunque evidentemente los delfines y las sardinas actuales no son los mismos que los de hace cuatro millones de años, ambas especies han ido evolucionando juntas durante todo este tiempo, acomodándose las unas a las otras de manera progresiva.

Es decir, los delfines comen lo que comen porque es a lo que han ido necesitando adaptarse desde hace millones de años. Así que si queremos que nuestros delfines, los de la piscina, estén sanos debemos darles sardina común y el resto de especies de peces, cefalópodos y mariscos que hayamos constatado que han estado comiendo durante su evolución como especie.

Y no pollo.

Y, cuanto más nos alejemos de ese ideal, mayor será nuestro nivel de experimentación con esos pobres animales.

¿Y el ser humano?

Aquí la cosa se complica un poco. Mientras que el hábitat de los delfines y con él su acceso a uno u otro tipo de comida ha ido cambiando progresivamente y esto nos permite llegar a conclusiones más o menos fáciles y con mucha pinta de ser acertadas, en el caso de los humanos la cosa no ha sido así y, considerando al género homo desde hace 2,4 …

(Dentro de una semana más!!!! Espero que te esté gustando. Si valoras el curro que hay detrás de todo este proyecto… no te queda otra que compartir como un auténtico poseso en Facebook, Twitter, en la cafetería de la esquina y en la próxima reunión de vecinos del portal) GRACIAS!!!!!

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11 comentarios en ““Pienso * para humanos” (*del verbo pensar). Parte 1.

  1. Hace poco que encontré este blog, pero esta entrada me ha encantado! Por suerte voy con retraso y ya tengo la segunda parte a mi disposición.
    Fantastico!

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