“Pienso para humanos”. Parte 11

Internet y comercios especializados. 

Hay algunos productos que puede costarnos un poco encontrar en supermercados o con los que lograremos una mejor calidad si las compras las realizamos en comercios especializados o por internet. La primera de las opciones, casi exclusiva para ciudades grandes. Te planteo algunos ejemplos. 

Empecemos por un clásico, el chocolate. Y es que si pretendes comprarlo en el supermercado, en general podrás conseguir niveles bastante mediocres. Simplemente tendrás que mirar las etiquetas para descubrir que, por ejemplo, el chocolate negro “de toda la vida”, el de cobertura, tiene como primer ingrediente y, por lo tanto lo más abundante, el azúcar. Así que el término “chocolate negro” no tiene nada que ver con la cantidad de chocolate. Éste será un dato que debemos buscar en cada tableta y que sí está relacionado con los chocolates que basan su clasificación en porcentajes. Aquí sí hablamos de chocolate. Pero cuando vemos un chocolate de un 80%, por ejemplo, no hablamos de que esa cantidad sea de chocolate, sino de productos derivados del chocolate, unidos en cantidades variables con un interés organoléptico y que no pretende reproducir un grano de chocolate.

Existen por otra parte chocolates en polvo desgrasados, estos mucho más fáciles de conseguir, incluso en un supermercado pequeño. Pero, volvemos a las mismas y, aunque en este caso podamos encontrar un 100% de productos derivados del cacao, como versa la etiqueta, han extraído parte de sus aceites.

Por eso la opción de compra por internet o en comercio especializado cobra mucha fuerza aquí, pudiendo conseguir productos mucho más originales.

En todos estos casos, como ves, el problema fundamental será el nivel de procesamiento del producto final.  Ahora bien, el chocolate supone un producto que, aun con un nivel alto de procesamiento salvo que busquemos opciones ideales, y formar parte de nuestra gastronomía desde no hace mucho tiempo, al ser consumido en muy pequeñas cantidades puede resultarnos muy útil por todo lo que nos ofrece culinariamente hablando.

Otro producto que se adapta muy bien a la compra de este modo es el aceite, pudiendo lograr mejores calidades a precios mucho más baratos que en un supermercado tradicional, a poco que uno contacte directamente con alguna cooperativa. Además, podrás comprar calidades o presentaciones diferentes, como presiones en frío, aceites de primer día de campaña, aceites sin filtrar…

Más ideas. La carne de pasto. Una opción fantástica por la calidad y la comodidad de la recogida, pero abusiva en el precio si la comparamos con algunas otras opciones que luego desarrollaremos. Verás que este apartado de la carne es uno de los que nos va a permitir un mayor ahorro si lo comparamos con los canales habituales por más que éstos fueran baratísimos. Los cambios que luego te propondré lograrán un aumento de la calidad hasta el máximo y un ahorro al mínimo. Y éste es un factor muy interesante de manera global, puesto que cuando uno se plantea un cambio en su forma de alimentarse que supone aumentar la calidad, lo más normal es tener que emplear más recursos. Tener un producto en el que sea todo lo contrario ayuda mucho. Así que olvídate de internet en este caso… salvo que te sobre el dinero, claro!!!

Los productos lácteos serán otros de los que podremos gestionar de estos modos. Suponen un alimento muy moderno, luego deberemos al menos exigirles una calidad máxima para, de algún modo, hacerles un hueco en nuestra alimentación. Y estas calidades vendrán de la mano de la falta de procesamientos, por lo que buscaremos productos con los patrones que antes comentábamos: a partir de leche cruda y, preferiblemente, de cabra y/u oveja.  Podremos incluso incluir leche cruda, pero encontraremos muy pocas opciones, puesto que su comercialización de esta forma está tremendamente restringida.

Nos vamos a otros de los alimentos defenestrados. Los cereales.  Pero, un momento, ¿no se trataba de sustituirlos por otros productos? Pues sí, igual que los lácteos. Y olvídate de comer ni un grano de azúcar, ni una gota de margarina, de comer sólo huevos como mínimo ecológicos, carne exclusivamente de pasto y libertad… En fin, que los ideales están muy bien, pero habrá que ir lográndolos poco a poco. Y, mientras tanto y no, podrás ir haciendo cambios paso a paso valiéndote de algunas opciones que, si bien no son correctas, podrán serte útiles en un momento inicial sin abusar de ellos.

Así que hablaremos de algunos productos a partir de cereales. Pero haremos como con los lácteos: buscar la máxima antigüedad y ausencia de procesados. Por eso será una mejor idea usar productos como la espelta o el kamut, especies más antiguas y con menos procesamientos y en los que una obtención a menor escala ayuda a que sea un producto más artesanal y menos elaborado. Algo de lo que, de cualquier modo, merecerá la pena que te informes.

Recolectando.

Reinos vegetal y fungi.

¿Será mucho soñar hacer un curso de micología? Creo que no, ¿verdad? ¿Y qué tal disfrutar de paseos por el monte en época de recolección de setas? Ya ves. ¡Aún seguimos siendo recolectores! ¡Es una afición bastante extendida! Además de eso, son muchísimas las plantas silvestres que te rodean y que puedes utilizar gastronómicamente.

Y después de haberte aproximado al mundo de las setas ya no parece tan descabellado acercarte al monte en busca de la cena en forma de algunas plantas deliciosamente comestibles. Simplemente hace falta un poco de información. Existen guías muy completas de cada región que te aproximan a este mundo. Por desgracia no es habitual un despliegue de formación como en el caso de la micología y aquí uno ha de buscarse las castañas (nunca mejor dicho) por su propia cuenta para investigar, identificar y después recolectar de manera segura plantas, frutos, frutos secos…  Resulta fascinante adentrarse en el mundo de lo silvestre con una guía taxonómica que contemple la posibilidad de comerse lo que ves o no.

Pero, si el mundo vegetal te resulta un tanto lejano, quédate con los frutos secos e investiga dónde puedes encontrar en tu región zonas donde acercarse con un cesto. Sólo te hace falta un poco de información sobre cuándo y cómo se recolecta cada uno de ellos. Y todos o casi todos los conoces, al menos en su presentación final, porque tal vez no conozcas por ejemplo el envoltorio de un piñón. Pero sí conoces su sabor, su color, su textura y que puede comerse. Así que sólo te falta aprender la otra media mitad.

En cuanto a la micología, apúntate a un curso de los montones que se comienzan a ofrecer finalizado el verano cuando empieza la temporada fundamental de las setas. Casi todos ellos incluyen escapadas al monte para identificar y recoger setas, lo que supone un bautizo de recolección fantástico: guiado, orientado, especializado y delicioso. Descubrirás los distintos ecosistemas en los que aparecen las setas con lo que aprenderás a distinguirlos y a conocer al resto de sus habitantes, algunos de ellos igualmente deliciosos. Una forma fácil de acceder a dichos cursos es localizar alguna sociedad micológica cercana a tu localidad y consultarles.  El mundo de la clasificación de las distintas setas te permitirá además adentrarte en el lenguaje taxonómico y sus habilidades, algo que agradecerás cuando se trate de reconocer especies vegetales.

¡Y no hemos dicho nada de las algas! ¿Buceas? No hace falta un despliegue de botellas, reguladores y jackets, simplemente unas gafas, un tubo y unas aletas. Y las mismas ganas para aprender a distinguir las distintas variedades y su aplicación gastronómica. Y aquí un curso de buceo puede venirte de perlas.

En el tema de las algas, tranquilo, ningún alga macroscópica de nuestro entorno resulta venenosa. El único requisito que debes cumplir, al igual que en el reino fungi y los vegetales terrestres, es seleccionar el lugar de recolección y huir de zonas contaminadas. Pero esto resulta obvio. Después de esto, solo tendrás que comprobar sus posibilidades gastronómicas mediante una buena guía, aunque esta algo más difícil de encontrar que las de árboles y plantas. También resulta un mundo algo más complicado. Pero igual de fascinante que la micología.

Cazando y pescando.

Reino animal.

¿Cazar, pescar y recoger marisco te parece accesible? Tal vez sean mundos que ya hayas experimentado e incluso en los que te desenvuelvas con facilidad. Si es así, enhorabuena. ¡Invítame a comer! Ya pongo yo el vino.  Si no es así, tenemos que arreglarlo. La opción “escopeta de caza” tal vez no te seduzca… ¿o sí? Pero acercarse al mundo de la pesca puede ser una opción más razonable. Todo depende de tus gustos y de la zona en la que vivas. Peces de mar, peces de río… ¿qué tal marisco? Seguramente ésta última es la opción más interesante para una primera aproximación al tema.  Como siempre: información. Y si puedes iniciarte con alguien que domine el tema, genial.

A mucha gente puede no parecerle razonable iniciarse en la caza por ser un mundo que podríamos ver como agresivo. No deja de ser una muestra más de lo alejados que estamos de nuestra propia naturaleza y de nuestra comida. Comemos con gusto una hermosa pechuga de un pollo que otros sacrifican para nosotros y somos directamente culpables de la más que pésima vida que les damos a los animales que nos sirven de sustento, pero no estaríamos dispuestos a ver cómo vive y muere ese animal concreto que luego nos alimentará.

Tal vez liarse a tiros con cualquier bicho viviente con la disculpa de comer no sea la mejor opción, pero no miremos hacia otro lado. Somos responsables últimos de elegir animales que hayan disfrutado de una vida y una muerte digna. Por empatía con ellos y por interés propio en cuanto que nos proporcionarán alimentos de mayor calidad. Y es responsabilidad nuestra buscar el equilibrio entre nuestra alimentación y por lo tanto la calidad de nuestra vida, y la calidad de la vida de esos animales, teniendo en cuenta que en la decisión final intervienen otros muchos factores personales.

Has de encontrar un punto de equilibrio en el que te encuentres cómodo y convertirte en un consumidor reflexivo tanto con la calidad de lo que te comes como con todos los aspectos ecológicos y morales que engloba el mundo del comer. No busques en las etiquetas únicamente los valores nutricionales o la ausencia de grasas trans. Busca también indicios de las situaciones vitales de esos seres, su procedencia, el gasto energético necesario para su producción, la contaminación generada desde el principio hasta su llegada al punto de venta…

Y pocas situaciones resultan tan perfectas como las que genera la caza, pesca y marisqueo. Animales que han vivido en absoluta libertad durante toda su vida que podríamos considerar “felices” desde una perspectiva humana, y que, como todos nosotros, llega un momento en el que su vida termina. Sin más. El ciclo sin fin, que dirían en la película del Rey León.  Compara esta circunstancia con la vida de ese pollo que ha llenado tu horno. Evitaré darte detalles de su vida. No quiero amargarte el día haciéndote sentir culpable.  Pero, una vez hemos decidido consumir carne, y los motivos para hacerlo son múltiples desde una perspectiva evolutiva, la mejor forma sin duda de obtenerla es mediante estas disciplinas.

Ahora bien, tal vez no encajen contigo. Igual que no te dice nada el mundo de la micología. Perfecto. Pero busca peces, mariscos y animales terrestres que hayan sido pescados, recolectados, cazados o sacrificados tras una vida en libertad. Será ésta la mejor forma de dignificar su vida y optimizar tu salud.

Huerto urbano.

O no tan urbano.  Digo urbano porque la mayor parte de la población vive en las grandes ciudades, pero el asunto es plantar y disfrutar de tus propias cosechas.

Si te paras a pensarlo, en este segundo momento después de abandonar el supermercado y las compras por internet, nos hemos ido al monte a por setas, a recoger frutos secos y frutos y plantas salvajes, a cazar, pescar y marisquear. Cualquiera diría que lo que pretendemos es huir del supermercado y hacernos autosuficientes… y es que justo se trata de eso. No por el hecho de la autosuficiencia en sí, sino por lo que la gestión directa de tus alimentos supone de controlar su origen y calidad.

Así que vamos a dejar de pasar por la sección de frutas y verduras del súper. Comienza nuestra etapa Neolítica. Bienvenida agricultura a nuestras vidas.

La pregunta clave aquí es: ¿Dónde cultivo? La respuesta será sencilla si dispones de un poquito de terreno. Necesitaras muy poca cosa, apenas diez metros cuadrados serán suficientes para que tu familia casi disponga de la gran mayoría de su sustento vegetal. Pero, tengas lo que tengas, podrás hacer mucho más de lo que te imaginas.  Si no dispones de terreno, la segunda mejor opción será una terraza soleada. Aquí ya sí que hablamos de huerto urbano y, cajones de plantación y macetas mediante, podrás disponer de un montón de productos durante todo el año. Todo dependerá, al igual que antes, de cómo de grande sea la zona de plantación y también de cuánto tiempo quieras emplear.

Opción tercera: no tengo terraza. Tranquilo. Es lo normal. Aquí la clave es el sol. Si tienes alguna ventana con unas pocas horas de luz al día, fantástico. Podrás hacer muchas cosas. Echa cuentas de cuántas macetas o recipientes podrás disponer en tus alféizares y así será tu producción. A menos espacio, mayor ejercicio de optimización. ¡Pero una docena de lechugas te cabe seguro!

Si no encuentras cabida en ninguno de los grupos anteriores, ya estarás tentado de saltarte este apartado agrícola y pasar a otra cosa… pero no, tranquilo. Existen otras opciones que pasan todas por encontrar un terreno que puedas alquilar o incluso pedir prestado.  Tendrás dos formas de proceder. La primera darte una vuelta por tu entorno más cercano a la búsqueda del lugar idóneo y posteriormente intentar contactar con el propietario ofreciéndole el cuidado del terreno y su mantenimiento en perfectas condiciones sin que el monte se apodere de él, la compensación con una parte de tu cosecha o el alquiler puro y duro.

Podrás elegir terrenos que actualmente no estén siendo plantados, o pequeñas zonas de parcelas a las que sí se les da uso.

La segunda, darte un garbeo por internet buscando parcelas en alquiler, cada vez más habituales en los alrededores de las grandes ciudades y que permiten en muchos casos tres tipos de alianza: alquiler sin más, alquiler y atención de la plantación cuando tú no estés (riego…) o alquiler, riego y asesoramiento mediante talleres o cursos.

Formar parte de esta forma de gestión del terreno puede tener en muchos casos la ventaja de poder realizar la compra de otros productos que no genere tu parcela, a las parcelas vecinas. Eso sí, procura que esté cerca de tu casa. Tendrá poco sentido tener un huerto a cien kilómetros de tu domicilio. No lo podrás atender como se merece, emplearás un tiempo excesivo en el viaje y gastarás un montón de gasolina, con el consiguiente impacto medioambiental.

Y existe una opción más que te propongo. Ésta de “cosecha propia”, nunca mejor dicho: planta en cualquier lado.

Me explico. No es plan de ir por ahí ocupando terrenos, en absoluto, pero sí que podrás encontrar múltiples sitios fuera de las ciudades que constituyan zonas de lindes, terrenos escarpados, límites de montes donde la vegetación no sea densa, laterales de sendas o caminos… en las que no invadas ninguna propiedad privada pero que reúnan las características para plantar unas cuantas semillas de un modo más o menos ordenado, más o menos “salvaje”.

Plantéatelo de la siguiente forma: acostumbras a caminar, correr o andar en bici por una senda que discurre por zonas relativamente naturales. Pues busca una zona soleada y húmeda y unas especies acordes a ella que no necesiten un especial mimo en forma de riegos y muy adaptadas al entorno, de modo que puedan prosperar en una situación muy silvestre. Y, cada vez que pases por allí, podrás ver cómo va tu plantación y llevarte unas cuantas hojas para casa.

(Ya sabes!!!!  Si te gusta, comparte!!!!!!!!!!!)

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4 comentarios en ““Pienso para humanos”. Parte 11

  1. Vaya!! hacia muchos meses que no me pasaba por aquí y….. Resumiendo.. si vendieran camisetas con tu cara me compraba una… o dos.. SOY TU FANS .. ERES LA CAÑA.!!.. (por cierto sigo comiendo tortillas de ortigas)

  2. Hola Carlos.

    Me he visto retratado en varios “caminos” de los que has relatado.

    Como sabes, me organizo mi TerneraAventura por mi cuenta, viajando hasta tu provincia para traerme una Asturiana de los Valles seleccionada y criada por un familiar mío.
    Para que voy a decirte que la calidad y el precio no se ha visto nunca por aquí, por Madrid. Parece extraterrestre. Tu sabes de lo que hablo.

    A la vez, buscando y por circunstancias, me sirven semanalmente leche cruda traída desde Galicia, en el día, con sus registros sanitarios y sin ningún problema. Y quien dice leche, dice unos quesos de leche cruda…..que quitan el sentido.
    En este caso, se produce una simbiosis. Yo procuré difundirlo por familiares y amigos y crear una red de consumidores, de modo que al ganadero le merezca la pena distribuir aquí en Móstoles (Madrid). El me deja los pedidos en casa y yo aviso a todo el mundo para que pase a recogerlos.Para que veas a dónde puede llegar la búsqueda de los productos naturales. También me suministra panes como los que has mencionado tu, pero ahí me he vuelto “paleo total” y no los pruebo. Y miel. Y pulpo. 😉

    Respecto del curso de micología….estoy en ello. A ver si me asocio en la Asociación micológica de mi localidad. Por un precio módico, tengo un par de salidas al año (excursiones, un poco de deporte) y me iré enterando de este mundillo. El año pasado puede salir con un par de entendidos, pero solo de una variedad. Este año me he comprado una cesta de reglamento en Panes (de las de castaño). Que se preparen!!!.

    El tema del alquiler de huerto ecológico funciona en mi localidad, pero lo tengo casi desestimado. Falta tiempo. No digo que no me pase por allí alguna vez porque igual me venden algo…incluso huevos, pero quiero probar también con algún compañero que se dedica a ello, y tambíen es posible que llegue a intercambiar quesos y leche con otra persona de otro pueblo (a cambio de verduras y huevos).

    En fin, lo que tu dices…..que hay que buscarse la vida para encontrar el mínimo procesamiento y máxima calidad en lo que comemos.

    Un fuerte abrazo

    Paco

    PD: Si me escapo a final de Julio por Gijón, te doy un toque, como el año pasado.
    PD2: Disculpa el tocho. Casi me sale otro post.
    PD3: El tema del marisqueo…como que no lo veo aquí por Madrid :-)))))

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